Tratamientos con Laser

Descripción

Un láser es un haz de luz muy potente, brillante, controlable y localizado que permite focalizar elevadas cantidades de energía en puntos muy concretos. El láser es efectivo por el control preciso que permite sobre la luz que emite, tanto en términos de tiempo, como de longitud de onda, nivel de energía, duración del pulso, diámetro del haz...


En el caso del Nevus Gigante Congénito la alta capacidad de focalizar la energía que tiene el láser le permite eliminar por calentamiento los melanocitos que forman el lunar dejando intactas las estructuras vecinas. El proceso deja cicatrices, y se realiza a través de pulsos de luz de duración muy corta y longitud de onda prefijada que sean fundamentalmente absorbidos por la melanina presente en los melanocitos.


El tratamiento de un Nevus Gigante Congénito con láser no es hoy por hoy una alternativa a su extirpación quirúrgica, sino más bien un complemento a esta cuando se desea tratar parcialmente el nevus y la extirpación no es posible. Es decir, el tratamiento con láser está indicado especialmente en nevus pequeños, para mejorar el aspecto de cicatrices, y en aquellos nevus que no pueden ser extirpados, o cuya extirpación plantea mayores problemas, como en cara, nariz, labios y orejas.


Tipos de láser y aplicaciones médicas

El uso médico del láser es muy variado, y está muy extendido en tratamientos cosméticos. La mayor parte de los láser de uso médico funcionan con una longitud de onda fija en cada momento, y es el cirujano el que escoge la más adecuada para el tejido a tratar. Como los láser son monocromáticos (emiten luz de un único color), pueden ser dirigidos a estructuras de la piel cuyas moléculas absorban esa longitud de onda en particular (las moléculas capaces de absorber luz se denominan cromóforos), con lo que serán quemadas, respetando las demás. Ejemplos de estas moléculas son: agua, melanina, hemoglobina o la tinta de un tatuaje.


El principio que permite "atacar" diferentes estructuras con el láser en función de su sensibilidad a un color determinado recibe el nombre de fototermólisis selectiva, y es el que permite eliminar los folículos del pelo durante la depilación por láser.


Los tipos de láser más utilizados en el tratamiento de los miembros de Asonevus son el de Dióxido de Carbono, el Alejandrita y el Rubí.


Láser y Nevus Gigante Congénito

Cuando la radiación láser de cierta potencia se absorbe, transforma su energía en efectos térmico, mecánico y químico. El efecto que nos interesa para eliminar la coloración del nevus es el efecto térmico, esto es, que el láser destruya la melanina por calor. Para ello es preciso que se alcancen altas temperaturas, que deben ser locales para evitar dañar las estructuras vecinas.


Como cualquier tipo de luz, el láser se absorbe más cuanto más oscuro es el absorbente, lo cual es una buena noticia para el tratamiento de los lunares porque la melanina al ser oscura presenta una gran absorción de la radiación, lo que facilita que la energía del láser se deposite en su diana, la melanina, sin afectar demasiado a los tejidos circundantes. La absorción selectiva de la energía de la luz por la melanina es lo que permite el tratamiento.


La mala noticia, porque siempre hay alguna, es la profundidad de los Nevus Gigantes Congénitos. Un Nevus Gigante Congénito es normalmente más profundo que un lunar normal, lo que implica que hay que conseguir que la radiación láser llegue más dentro de la piel si se desea su total destrucción. Esto hace que sea difícil garantizar la destrucción de todos los melanocitos, y que no sea infrecuente que áreas tratadas se vuelvan a pigmentar a medida que "afloran" a la superficie de la piel melanocitos intactos tras el tratamiento.


El tratamiento con láser se puede hacer con carácter ambulatorio o requerir una breve hospitalización (sobre todo si por la amplitud el tratamiento requiere utilizar anestesia general). La recuperación es buena, con ciertas molestias. Es preciso tener cuidado (mantenerla limpia e hidratada) con la piel tratada durante unas 6 a 8 semanas, que es lo que tarda en sanar y recuperarse totalmente.